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El viaje

septiembre 2, 2011

Enfrentar esta situación es una batalla dentro de mí, dejarlos no es mi intención pero llevarlos conmigo no es seguro, dejarlos aquí a cambio de algo mejor, es lo que impulsa mi motor para atravesar el agua, la arena y los chacales que cuidan el borde por el cual saltaré.

El camino es largo, recorrer la senda de un sueño que algunos desean, y que otros estamos forzados a tenerlo; en el camino cinco nicas, dos hondureños y un guatemalteco todos con rumbo a esa tierra de (des)igualdad, el trayecto es el testigo de nuestras historias.

Dejé a mis dos hijos y a una esposa sin madre, tres días antes de irme, ella quedaba sin mamá, sé que mi esposa está sufriendo, pero también sé que entiende el por qué de mi partida, mis hijos aún están muy pequeños para comprender porque su papá se va de viaje y que regresará pronto.

El regreso no se ha dado, así que mis hijos ahora ya saben que mi retorno es incierto, pero mientras estoy nuevamente por allá, les he dicho que aprovechen este viaje que su papá está haciendo, un viaje muy costoso y no por el boleto de avión, sino por lo que he pasado.

Mientras nos arriesgábamos a llegar, la arena y el viento nos ayudaban a ocultarnos, el río camufló los gritos de una hondureña que no pudo llegar donde la esperaban, no pudimos hacer nada, este viaje se vuelve tan egoísta que solo piensas en llegar al otro lado, mientras veía el cuerpo flotar.

Antes de cruzar el río, nos quedamos en un rancho gallero, llevaba un mes de viaje recorriendo desde El Salvador, destruido por un terremoto en el 2001, pasando por Guatemala y por todo México en bus y a píe, Hernán un hondureño no pudo llegar a México, Guatemala fue su final.

Ese mes de viaje y ver morir a más de dos que nos acompañaban, no supera los diez años que llevo ocultándome para seguir soñando, huyendo de la pesadilla uniformada, y esquivando uno que otro obstáculo para quedarme aquí y seguir soñando, para que mis hijos sueñen.

Regresar a mi tierra, a mi gente que extraño tanto es una utopía y un viaje de regreso más difícil que el de hace diez años, además de mi familia y una casa, no hay nada más que me espere, un trabajo, un salario, así que me quedaré soñando gris aquí en la tierra de las (des)igualdades.

 

Tomado del Blog de Subversivos Literarios

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