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¿De dónde sos?

septiembre 3, 2011

El ser humano es un migrante por naturaleza. ¿Alguna vez se han preguntado “de dónde vengo”? Pues bien, yo me lo he preguntado, y manteniendo el margen necesario para no caer en la tentación de la parte científica del asunto, me quedaré en lo sencillo de mi historia.

En cierta vez me han preguntado si provengo de la Costa Caribe por mi cabello rizado, y eso me ha hecho sentir muy orgullosa. Ya quisiera poder decir ¡soy negra, soy Caribe!

También han supuesto que soy de León. Pero yo misma me he preguntado de dónde soy exactamente porque, después de todo, ser de Managua es como ser de ningún lado. Aquí se mezclan tantos rasgos que en el interior del país son tan propios como los ojos achinados de los Masaya o el color de piel de los auténticos caribeños.

En defensa de lo que soy, les puedo decir que tengo sangre Matagalpa. De ahí era mi abuela materna. Y aunque no heredé lo blanco de la piel y lo azul o verde de los ojos de mis tíos y primos, pues sí, soy Matagalpa.

También sospecho que tengo sangre de esclava ya que mi abuelo materno era negro. Él era originario de Rivas, departamento al sur del país, y allá por el año 1717 había un centenar de esclavos, según algunos historiadores.

Los matices de la sangre que me corre por las venas también tienen tinca de los Chontales. Resulta que los Chontales fueron de los últimos en dejarse dominar por la conquista Española. Mi apellido proviene de España, pero mi padre era tan moreno que raya más en lo Chontales que en lo europeo. Pues bien, esa parte de mi historia -que no conozco- debe ser -para mi- todavía más interesante, pero se las debo.

Y me vuelvo a preguntar: ¿Cómo llegué a este lugar? La respuesta es: Migrando desde antes de nacer. Mi abuela dejó el campo y vino a vivir a la ciudad donde conoció a un negro que también había llegado a Managua. Mi madre, que nació en Managua, se siente tan Matagalpa como yo. Rivas es nuestra segunda casa. De Chontales sé menos, prometo un día descubrirlo.

Y así pasó el tiempo. Mi madre se convirtió en una inmigrante en Costa Rica donde un día conoció a un muchacho moreno, que al igual que ella era otro “nica en Costa Rica”.

Luego de 15 años en San José. Decidieron volver a Nicaragua. Se casaron. Y así nací. Y así crecí, visitando cada lugar como si fuera propio, y con ganas de conocer todavía más de esta tierra que -de no ser por las fronteras y los protocolos ridículos-, me haría sentir tan en casa desde cualquier parte del mundo.

Tomado del blog de Martha Solano

2 comentarios leave one →
  1. septiembre 3, 2011 4:22 pm

    “Y me vuelvo a preguntar: ¿Cómo llegué a este lugar? La respuesta es: Migrando desde antes de nacer”. así es, llevamos a cuestas mil historias de migraciones, esas son las voces que no se escuchan y que pocos entienden , pero que sin duda nos marcan el alma, tenemos migración congénita…. Muy lindo Martha

  2. septiembre 3, 2011 8:58 pm

    Tus orígenes son de la tierra, la sangre que corre en tus venas, cargada de historias migrantes, de aventuraas, valor, de lucha y esperanza. Por eso estés donde estés siempre te vas a sentir en casa… muchos saludos tocaya, es un placer leerte… =)

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