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“Aventura al otro lado del charco”

septiembre 11, 2011
A veces me sorprende lo rápido que avanza el tiempo, cuando hace años hacíamos planes, metas a futuro, y que ese futuro ya es hoy, ni cuenta me di de la velocidad con que pasaron los días. Menciono esto, porque últimamente me he estado acordando mucho de una persona, que estuvo presente en mi vida durante 5 años, y me impresiona los cambios que hace el tiempo y lo rápido que pasa. Y justo hace unos días se fue del país.
El sábado por la noche, recién salida del hospital, acostada en mi cama entre dormida y drogada por tantas medicinas, sonó mi celular. Me sorprendió que a las once de la noche José (nombre ficticio) me estuviera llamando, cuál es mi sorpresa? que cuando respondí la llamada lo primero que recuerdo haber escuchado fue: “Ale, me voy mañana!”, así de la nada.
Acepté salir con él, muy a pesar de la hora y de cómo me sentía, porque el maje se iba el domingo y tenía que verlo antes de irse. Hay tantas cosas que me hubiese gustado decirle, gritarle y reclamarle esa noche, porque sabía que iba a ser mi última oportunidad de tenerlo frente a frente, pero no lo hice. Viví tantas cosas con José, todo tipo de experiencias que puede llegar a vivir una pareja, sean buenas, malas o pésimas. Pero de todo se aprende.
No sé por qué, yo nunca he logrado ser una persona muy expresiva, soy pésima diciendo Hola o Adiós. Y esta vez, haciendo honor a mis destrezas expresivas, no dije adiós de la forma en la que pensaba hacerlo.
José partió hacia España el domingo, se fue a estudiar una maestría. Aún recuerdo cuando, jovencitos, platicábamos acerca de los planes que teníamos, y cómo él soñaba con irse. Y hablábamos sobre el futuro, y lo que cada uno quería hacer y tener, pero ya estamos viviendo ese futuro. Y las cosas son tan diferentes ahora, en comparación a como las imaginábamos en ese entonces los dos juntos. Me quedó una sensación extraña desde la partida de José, es como una combinación de preocupación y nostalgia, añoranza.
Tengo muchos sentimientos encontrados sobre esta situación, pues la experiencia que tuve con él es algo que me dejó muy marcada. Sin embargo, admiro su valentía y ambición, considero que es algo que todos deberíamos tener. José se fue muy emocionado, preparado para vivir esta nueva aventura, de no solo adaptarse a un nuevo sistema educativo, sino de aprender a vivir en otro país, diferente cultura, formas de pensar, personas, horario. Creo que la mayoría de la gente olvida que cuando nuestros jóvenes se van a estudiar fuera, están migrando. Quizás las mentes más brillantes de nuestro país, van a ser brillantes y muy “genias” en otros lugares.
Creo que su “aventura al otro lado del charco”, como me escribió él hace algunas horas, es un ejemplo del sueño que muchos jóvenes tenemos al finalizar nuestra secundaria o carrera universitaria. Irnos y no volver. Porque creemos firmemente que en otros países las oportunidades son más y mejores. Pero no pensamos en que el aprendizaje que podamos llegar a adquirir en otro lugar, puede servir para construir un mejor país del que dejamos atrás.
No quiero ponerme a criticar las decisiones de los jóvenes, seguramente si a mi me ofrecieran una beca para irme, la acepto sin pensarlo y no estoy 100% segura si regresaría. Pero, ¿por qué no se está haciendo algo para incentivarnos en retornar a nuestra linda nación, y juntos construirla mejor? Dejo esa pregunta con la intención de que alguien pueda responderme.
Tomado del blog de Alejandra Fonseca De Franco
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